El EP de debut de Depresión Sonora, publicado en pleno confinamiento y recuperado en formato físico por Sonido Muchacho hace unos meses, fue una de las escasísimas buenas noticias que nos dejó la crisis del Covid. Lo componían un puñado de canciones fruto de la claustrofóbica situación del momento, en las que un chaval expresaba sus ansias de vivir y también su frustración por la situación que le tocaba afrontar en aquellos días.

Tras el espontáneo éxito de Depresión Sonora en México y los sold outs de sus primeros conciertos en Madrid, su flamante nuevo trabajo compuesto por cinco temas, lleva unos cuantos pasos más allá lo que en aquel debut ya resultaba bastante evidente.

Conocemos a estas alturas el nombre de aquel chaval, Marcos, y se hace palpable que la pegada y el acierto melódico de aquellas canciones, con “Ya No Hay Verano” al frente, poco tuvo que ser con un puntual golpe de suerte. Es más, en este nuevo trabajo las cinco canciones que lo componen se convierten en potenciales hits, algo que ya ha podido comprobarse con los adelantos “Tú No Me Tienes Que Salvar” y “Gasolina y Mechero”.

De esta manera el universo de Depresión Sonora se abre paso a empujones entre imágenes apocalípticas del extrarradio y un romanticismo fatalista y decididamente juvenil, apuntalado por un sonido de vocación lo-fi dominado por correosas cajas de ritmos y líneas de bajo que bien podría firmar el mismísimo Peter Hook. Si un movimiento equivalente a lo que significó la Nouvelle Vague surgiera espontáneamente a día de hoy Depresión Sonora sería su banda sonora.

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